miércoles, 28 de noviembre de 2007

La euforia de correr

Si el estrés, aun el generado por el trabajo, es rechazado a conciencia y visto como un problema, no ocurre lo mismo con comportamientos que también implican un cierto nivel de adicción. En los casos extremos, es lo que pasa con los deportistas. Un caso típico es el del corredor, contento y orgulloso de sus logros cada vez más notorios y medidos en kilómetros. Su triunfalismo lo lleva al runner's high, tal cual ha sido bautizado en inglés el estado de euforia del corredor. Esta adicción es reconocible desde 1979, año en el que el doctor William Morgan y su equipo repararon en que el deseo de repetir esa euforia podía resultar compulsivo aun cuando se produjesen lesiones por exceso de ejercicio. A partir de entonces se determinó que quienes abusan de la actividad física pueden reconocerse por tres características: tienen una excesiva dependencia de la misma, continúan haciéndola aunque estén lesionados y exhiben el síndrome de abstinencia cuando deben dejarla. Este adicto no es fácilmente detectable salvo que una lesión o un problema serio interrumpa su rutina y se manifieste la abstinencia.

¿Qué es lo que ocurre a nivel fisiológico en el deportista compulsivo? Se puede decir que son adictos a la endorfina (o endomorfina, es decir, morfina producida naturalmente en el cuerpo) y la encefalina. La endorfina es un neurotransmisor que produce el organismo ante ciertas situaciones, por ejemplo el dolor, para reducirlo. Es decir que actúa como un analgésico endógeno. Algo parecido ocurre, a niveles extremos, con el adicto a la morfina o algunos de sus derivados, que siente la ausencia absoluta de dolor (¿el nirvana?) aunque luego no puede soportar ni el que le genera respirar. Justamente fueron los efectos del opio, de donde se extrae la morfina, los que permitieron descubrir las endorfinas. En 1975 se habían identificado receptores específicos para la morfina, una sustancia exógena (generada fuera del organismo) de efectos poderosos. El descubrimiento hizo suponer la existencia de un equivalente endógeno, lo que disparó su búsqueda. Más tarde se encontró que aparecen en la génesis de varias emociones y que su función principal es la disminución del dolor y el estrés. Para estimular su creación, los expertos recomiendan hacer ejercicio, tomar café, tener sexo, reír. Las mismas investigaciones consiguieron aislar la encefalina, un compuesto similar a la endorfina, generado por el organismo, que también reduce el dolor y que reacciona con los mismos receptores neuronales aunque la molécula es más pequeña.

Esta puede ser una de las explicaciones para que el ejercicio produzca un estado de bienestar que puede inducir a los entusiastas a llegar a la adicción. Pero para otros expertos, no todo es tan lineal. Ellos creen, por el contrario, que las endorfinas gozan de mucha publicidad (como la que se ve habitualmente en las calles, sobre todo en vísperas de maratones) y que, aunque es cierto que se liberan con el ejercicio, para que el dolor no impida el movimiento, no se conocen experimentos serios que comprueben su relación con el deporte compulsivo.

Acorde con esta última línea de pensamiento, investigadores de la Universidad de Urbana-Champaign, de Illinois, Estados Unidos, hicieron la siguiente prueba. Llamaron a 46 estudiantes mujeres que no hacían gimnasia más de una vez por semana, las dividieron en 2 grupos y las sometieron a un test de aptitud en bicicletas fijas. Sin importar el resultado alcanzado, a las mujeres de un grupo se les dijo que sus marcas eran excelentes y a las del otro que estaban por debajo del promedio. Días más tarde, los investigadores las llamaron para realizar una nueva ejercitación. A cada una se le recordó el resultado anterior y luego, cada 20 minutos de una sesión de gimnasia, se les preguntó cómo se sentían. Las mujeres del grupo "excelente" respondieron más positivamente que las otras. La conclusión fue que la confianza puede ser un factor importante del bienestar que se siente luego de ejercitar y que, neurotransmisores mediante o no, era independiente de la intensidad del ejercicio. Para esta vertiente científica la percepción de mejoras en la habilidad, competitividad y control de la disciplina practicada surge como una causa importante de la respuesta psicológica positiva posejercicio. Cabe preguntarse si en la autovaloración de cada una de estas estudiantes no estaba en juego algún neurotransmisor; y así ad infinitum.

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